Masacre de Monte: “Aníbal quería llegar al hospital, pedir ayuda”

“Creo que va a llevar una mochila siempre. Ella va a poder hacer su vida, va a seguir, va a volver a salir, pero lo que perdió no lo va a recuperar nunca más y eso lo sabe muy bien. Ella sabe lo que va a llevar el resto de su vida y cómo va a seguir”.

Del otro lado de la línea habla Loana Sanguinetti (35), la mamá de Rocío Quagliarello (14), única sobreviviente de la masacre de San Miguel del Monte en la que fallecieron el misionero Aníbal Suárez y los menores Gonzalo Domínguez (14), Camila López (13) y Danilo Sansone (13).
Los jóvenes paseaban en el Fiat 147 de Aníbal la madrugada del 20 de mayo del 2019, cuando una patrulla de la Policía Bonaerense los persiguió a los tiros durante tres kilómetros, hasta que chocaron contra un camión estacionado sobre la colectora de la ruta 3. Una cacería inexplicable que enlutó a todo un país.
El miércoles se cumplirá el primer aniversario de la tragedia, pero el homenaje será distinto todos los días 20 antes del aislamiento social, preventivo y obligatorio debido a la crisis sanitaria mundial. “Es una pena no vernos y darnos un abrazo, encontrarnos y darnos fuerzas. Eso te bajonea, pero tenemos que entender que no se puede”, lamentó Loana.

Sin embargo, adelantó que están organizándose para que todo el pueblo ponga carteles y banderas de las víctimas en sus casas. El trapo principal, “con la cara de los nenes”, será izado en la plaza central. La movida se adelantó un día por los pronósticos de lluvia.

En una entrevista exclusiva con El Territorio, Sanguinetti contó cómo se encuentra hoy su hija, repasó la noche que se enteró de lo ocurrido y cómo avanzó la investigación. Consideró que la pandemia sólo vino a retrasar el tan esperado juicio y se emocionó al pensar en los fallecidos y el dolor de sus padres. Un dolor que no le permite disfrutar plenamente de su ‘Ro’.

Rocío estuvo internada en el Hospital de Florencio Varela durante 25 días hasta que finalmente fue dada de alta y continuó con la recuperación en su casa. Con la ayuda de los profesionales médicos y kinesiólogos, pero sobre todo por su voluntad, el apoyo de sus cercanos y la fuerza de todo Monte, volvió a caminar y completó una recuperación muy buena.

“Ese es el tema, ella físicamente está bien pero psicológicamente no. La verdad que no. Yo no puedo estar en su cabeza, pero es mi hija y uno se da cuenta. Hay días que está bien y otros que no, uno eso se da cuenta como madre”, siguió la entrevistada. Rocío no salió bien de las pocas veces que habló con la prensa y por eso desde entonces -además del consejo de su psicóloga y su abogado- está aislada de lo mediático.

Quieren protegerla y, más allá de que no tiene registros en su memoria de la secuencia que terminó en la destrucción del vehículo en que iba y el fallecimiento de sus amigos, en su casa se habla muy poco de lo ocurrido hace un año. A veces recuerda a los chicos y, sobre todo, a Camila López, su mejor amiga.
“La ausencia de su amiga es algo que jamás se va a olvidar, como cualquier persona que le pasa algo así. Ella perdió a su mejor amiga, que era su única amiga, y tras eso a dos amigos más y a Aníbal que falleció también. Jamás alguien olvidaría algo así”, afirmó Loana. Y confirmó: “Lamentablemente sigue todo en blanco. No hubo un avance ni un recuerdo, nada”.

Loana sí recuerda lo que vivió porque -dice- “es algo que ni yo ni mi familia nos vamos a sacar de la cabeza”. Relató que fueron efectivos de la propia Policía quienes se presentaron en su casa para avisarle que su hija había tenido un “accidente”.

“Me quedé en shock, pero nunca creí que era algo de esa dimensión, nunca me imaginé algo así”, añadió. Entonces, en el tiempo que volvió a entrar a su domicilio para tomar una campera y volver los uniformados ya habían desaparecido del patio su casa. Hasta ahora no puede recordar sus rostros y eso le da bronca.
Fue hasta el hospital y “ahí me dijeron que habían fallecido cuatro chicos y no lo podía creer. No entendía nada, no asociaba nada”. La incertidumbre fue gigante porque ella no sabía quienes eran las víctimas fatales y la Policía no sabía la mamá de quién era ella.

Loana, como el resto de los padres e incluso la Justicia, está segura de que los policías persiguieron con esa violencia al 147 porque fueron sorprendidos en medio de una maniobra ilegal ligada al narcotráfico. El barrio Montemar es el único punto donde no hay cámaras de seguridad y hasta llegar allí. Aníbal circulaba a muy poca velocidad, paseando.

“Vieron algo que no debían ver o los policías pensaron que ellos lo vieron y se persiguieron”, afirma.
Esta hipótesis surgió desde un principio y motivó a que la Justicia abra una segunda causa en el fuero federal.

“Aníbal quería pedir ayuda”También tuvo palabras para Aníbal Suárez (22), el joven de Concepción de la Sierra a quien nunca conoció y -dice- que su hija sólo lo había visto algunas veces en el centro de Monte. “Acá mucha gente lo conocía a Aníbal y era una persona muy buena, un chico divertido, muy bueno”, lo describió.

Considera sobre la noche de la persecución que solamente buscó proteger al grupo de adolescentes. “No hay duda alguna que él quería salir de lo que estaba pasando y cuando Gonzalo recibe los disparos -un impacto de bala en un muslo-, solamente quería llegar al hospital. Es lo único que tenemos en claro. Él quería llegar a pedir ayuda, llegar al hospital, llegar a estar sanos y salvos por lo que le estaban haciendo estos desgraciados”, insistió.

Consultada por lo que significa ser la madre de la única sobreviviente de la masacre, Sanguinetti no pudo contener las lágrimas y confesó que le costó mucho asimilarlo: “Yo soy mamá y su dolor es mi dolor también. Esto no sólo les pasó a ellos, si no a mí también. Ro estuvo al borde de la muerte, yo los entiendo con todo el corazón y me duele muchísimo”.
“Es muy difícil que yo pueda disfrutar a Ro y ellos no, es muy difícil. No sé como explicarlo, me duele muchísimo”, reafirmó.
Para finalizar, expresó su conformidad con respecto al accionar de la Justicia, valorando que desde el mismo momento de la tragedia empezaron a surgir los puntos oscuros de la versión policial.

Consideró que de no ser por la pandemia, el caso ya tendrían una fecha para el debate oral y público.
“Pienso que van a pagar por lo que hicieron. Algunos están más implicados que otros y por eso la condena será mayor o menor, pero la van a pagar de por vida porque de nosotros no se van a desligar”, enfatizó.

El Territorio

Por Carlos Cardozo

fojacero@elterritorio.com.ar

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