“Haciendo cosas raras”, el nuevoviejo disco de Divididos

 

De acuerdo a lo expresado por Ricardo Mollo y Diego Arnedo, el objetivo es regrabar todos los discos de estudio de Divididos menos “Amapola del ‘66” (al que grabaron en su estudio y lo editaron por su propio sello) , es decir un total de: ¡siete discos!

La finalidad última es tener los derechos de autor  sobre todas la canciones que grabaron bajo distintos sellos discográficos, a los cuales deben pedir permiso para tocar tal o cual canción (o sea, pedir permiso para tocar una canción que hicieron ellos –algo como pedir permiso a tu hijo para darle un mimo-) y que disponen de ellas a su antojo.

Yo no entiendo cómo funciona eso de los derechos de autor, pero debe haber mucho en juego en el medio (y no solamente dinero) para que una banda como Divididos se largue a tan ambicioso proyecto.

Si concretan esta tarea titánica lo sabremos con el tiempo. Ahora tenemos ya al alcance de nuestras manos y oídos la primera entrega de Mollo y Arnedo, junto al joven Ciavarella para completar a la aplanadora del rock.

“Haciendo cosas raras” es “Cuarenta dibujos ahí en el piso” rebautizado, aquella ya lejana primera obra que presentaba a Divididos, luego del desmembramiento de Sumo. El cambio del nombre, como el del orden de los temas y el arte de tapa responde a esas extrañas cuestiones legales que algún día investigaré.

“Haciendo cosas raras” es traer al sonido presente canciones que se gestaron en otra época, con otro presupuesto, otros recursos, otras cabezas. Y el resultado es muy bueno.

Te calzás los auriculares, buscás el volumen adecuado, le das play y el sonido es demoledor, y esas canciones que antes te parecían mal grabadas y sin fuerza se toman venganza.

Algunos temas fueron reelaborados aunque sin perder la estructura en general; el que más cambió fue el ya radial “Caballos de la noche”, el que originalmente era un instrumental y ahora goza de letra (y que además de ser buena es entendible a la primera escucha, cosa que Mollo y Arnedo no son de dejarla fácil), convirtiéndose en un temazo.

Mollo se dio el gusto de meter solos en todos los temas y uno de mejor gusto que el otro. Quienes busquen virtuosismo aquí mejor se van para otro lado; Mollo es de esos violeros que cuenta con recursos limitados pero que sabe cómo y cuándo ejecutarlos, dejando marca de la casa.

 No lo comprobé aún: creo que el solo que se manda en la versión de “Light my fire” es tal cual el original. Y si es así, puf, qué pedazo de violero este Ricardo.

Arnedo y Ciavarella tocan fuerte y preciso, conformando la base ideal para que la voz y guitarras de Mollo vuelen, y bien alto.

La presentación del cd es muy elaborada, conteniendo una especie de libro que reproduce una conversación entre Mollo, Arnedo y Ciavarella, a través de la cual se explica la decisión de la regrabación y mucho del origen de una de las bandas más importantes de este país.

Personalmente, no sé si se justifica regrabar la totalidad de los siete discos de estudio anteriores a “Amapola del ‘66”, tal vez sería mejor idea seleccionar temas de dichos discos y hacer un par de entregas. Además, en cuanto a sonido (uno de los motivos que expresó Mollo para regrabar 40 dibujos), me parece que de “Gol de mujer” hasta “Vengo del placard de otro” el sonido es perfecto.

Sin embargo, si el proyecto continúa, a medida que vayan editándose los nuevosviejos discos no dudaré en comprarlos y tendrán un lugar de preferencia en mi estante de cd´s.