“El ruiseñor, el amor y la muerte” -Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado

Todos tenemos derecho a expresar qué nos gusta y qué no, estableciendo nuestros argumentos para tal o cual opinión. Lo que no tenemos derecho es a decir que algo no es bueno porque a nosotros no nos gusta, y si igual lo decimos porque somos bien guapitos, tenemos la obligación de hacerlo mejor. Si no, criticar es muy fácil.

Hecha esta introducción, expreso públicamente que el último disco del Indio Solari (de él y nadie más, porque Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado son solo un nombre de acompañamiento) no me gusta, para nada. Y esto que digo ni cerca puede jamás quitarle el valor artístico que tiene tremenda figura consagrada del rock nacional y toda su obra; y el Indio Solari es uno de los grosos de acá, estés de acuerdo o no, su figura ya va a quedar en el podio de los grandes.

Desde la separación de Los Redondos continué escuchando los discos de ambas partes necesarias y suficientes de dicha banda: el Indio y Skay. De esta escucha claramente puede apreciarse quién era el responsable de la música y quién de las letras, y así se huele desde bien lejos en qué punto anda flojo cada uno con sus discos.

En cuanto a Solari, siento como que cada disco que fue publicando significó la baja en la calidad. Su primera obra, “El tesoro de los inocentes”, tenía muy pocos temas que sobraban y muchos excelentes (por ej. “Nike es la cultura”, “Amnesia”, “La piba del blockbuster”, “El charro chino”, “La muerte y yo”). A partir de allí, los discos siguientes contaban con algunos temas buenísimos y la mayor parte para ocupar espacio (de “Porco Rex” menciono a “Pedía siempre temas en la radio” y “¿Por qué será que no me quiere Dios?”; de “Perfume de la tempestad” a “Ceremonia durante al tormenta”; y de “Pajaritos, bravos muchachos” a “La pajarita pechiblanca”).

De “El ruiseñor, el amor y la muerte” no rescato ningún tema y para sumar la decepción es un disco muy largo (aunque todos los discos del Indio solista son largos, y por ello densos). Pareciera que su intención fue grabar algo más espontáneo, sin tanta producción; esto se nota especialmente en las guitarras, que en los discos anteriores abundaban y acá son muy limitadas. Incluso las letras -que todavía siguen teniendo un montón de vueltas para captarle el verdadero sentido- se aprecian con poca elaboración.

Luego de terminar su escucha no me quedaron ganas de reescucharlo; y si lo hago solo será nuevamente para ver si se me prende algún tema. Y eso es el peor miedo que tiene uno cuando se dispone a entrar a una nueva obra: que la espera no haya valido la pena.

Ojalá éste no sea el disco de despedida, que al Indio le quede al menos un tiro más para regalarnos cuatro o cinco temas más de esos que supo -y seguro que aún sabe- hacer.